Los bolígrafos digitales tienen multitud de usos en el ámbito de la sanidad. En el post anterior os hablábamos de dos de ellas: uno, la rapidez a la hora de rellenar informes y que aparezcan inmediatamente en el historial digital del paciente, en cualquier punto de la geografía en el que éste se encuentre; y otro, las posibilidad de hacer seguimientos tipo test en el domicilio, por parte del propio paciente, y que los resultados lleguen ‘automágicamente’ al ordenador del facultativo, donde podrá realizar sus diagnósticos.

En esta ocasión os traemos otros dos interesantes usos: la firma biométrica y dibujos asociados con la detección de determinados problemas relacionados con el funcionamiento de nuestro cerebro.

La firma biométrica está pensada para que de forma inequívoca sepamos que quien dice haber firmado un documento lo haya firmado realmente. Los dispositivos electrónicos en los que estamos acostumbrados a firmar con un puntero con forma de bolígrafo, no solo captan nuestros trazos, sino también otras variables, como la presión que ejercemos al escribir, la velocidad que imprimimos a cada trazo, etc. Lógicamente, con los bolígrafos digitales y el papel adecuado, también es posible capturar todas estas métricas biológicas.

Y ahora viene la primera pregunta: ¿cuántas veces deben los pacientes o sus familiares firmar documentos en un hospital? De entrada, cada vez que el paciente tiene que pasar por algún proceso potencialmente peligroso para él. ¿Y con qué firma? Pues con un bolígrafo, naturalmente.

La diferencia entre hacerlo con uno normal y uno digital es que con el segundo es imposible de falsificar. Pero más aún: el centro médico, hospital o unidad sanitaria correspondiente podrá tener de forma inmediata este archivo digitalizado y, además, guardar una copia facsímil del documento con la fecha y hora exactas de la firma.

Respecto al segundo tipo de uso, el de los dibujos como forma de detectar determinados problemas, vamos a dejaros dos vídeos de sendos posibles usos, entre otros muchos posibles. El primero, tiene que ver con la caligrafía y lo que revela de nosotros. Si tenemos problemas sociales, de comportamiento, de autoestima… nuestra letra puede contarlo todo si alguien sabe leerla. Pero no solo los trazos, sino también la forma en que los dibujamos.

Algunos especialistas están trabajando con niños en la caligrafía como manera de llegar a sus verdaderos problemas:

Y, en segundo lugar, los casos en los que la forma de dibujar determinados objetos indican que podamos estar sufriendo determinados problemas que alteran nuestro comportamiento. Os ponemos el ejemplo de Susannah Calahan, que a punto estuvo de ir a un psiquiátrico, pero la salvó un dibujo:

Más información sobre anti-NMDA en estos artículos de Bitnavegante y Hospitalclinic.org.

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